Agujeros negros Si el Sol quedara comprimido a un diámetro de sólo cuatro millas
(6 km) su velocidad de escape sería igual a la velocidad de la luz -186,000
millas (300,000 km) por segundo. Como nada viaja más rápido que
la luz, ninguna materia ni energía puede escapar de su superficie.
Según las teorías de Albert Einstein, en esa situación,
la masa del Sol sería incapaz de resistir el tirón de la gravedad.
En un par de segundos, se colapsaría en un punto de densidad infinita,
conocido como una “singularidad.” Este punto, sin embargo, mantendría
la densidad del Sol, por lo que la gravedad de su superficie aumentaría
casi infinitamente. A una distancia de unas dos millas del centro, esta fuerza
gravitacional sería tan potente que nada se escaparía de ella,
ni siquiera la luz. Esta distancia, que es proporcional a la masa del objeto,
se llama el radio de Schwarzschild o el “horizonte de eventos.” Como
todo lo que hay en este horizonte queda oculto para el universo exterior, al
objeto se le llama agujero negro.
Un
agujero negro ‘roba’ gas a una estrella acompañante.
El gas forma un disco de acreción caliente antes de entrar en
espiral en el agujero negro. Campos magnéticos muy potentes encauzan
parte del gas en chorros de alta velocidad.
Ése es el destino de algunas de las estrellas más pesadas del
universo. Cuando una estrella masiva muere, su núcleo se colapsa para
formar una estrella de neutrones: una bola ultra densa tan masiva como el Sol
pero del tamaño de una ciudad. Sin embargo, si se acumula suficiente
material en la estrella de neutrones para que su masa llegue a ser dos o tres
veces la del Sol, el colapso no se detiene y se forma un agujero negro. Las
capas exteriores de la estrella son expulsadas al espacio, formando una supernova.
Una supernova en la que se forma un agujero negro también va acompañada
de una gran explosión de rayos gamma, lo que puede producir un objeto
conocido como erupción de rayos gamma. Un agujero negro es invisible,
pero los astrónomos pueden detectarlo porque su enorme gravedad atrapa
la materia circundante. El material atrapado entra en espiral a través
de un disco plano y rotatorio llamado disco “de acreción.” El
material cercano al horizonte orbita a casi la velocidad de la luz, y la fricción
en el disco calienta el gas a temperaturas muy altas, produciendo rayos X.
Unos telescopios especiales en órbita alrededor de la Tierra han detectado
estas erupciones de rayos X. En algunas intervienen estrellas de neutrones,
pero otras son demasiado masivas para ser estrellas de neutrones, y la única
alternativa conocida es un agujero negro. Uno de los más famosos es
Cignus X-1, que tiene un agujero negro unas 10 veces más masivo que
el Sol.
Si intentáramos asomarnos al borde del horizonte de un agujero negro
con un cohete de enorme potencia, quedaríamos destruidos por una aceleración
igual a la de unos tres billones de veces la gravedad de la superficie de la
Tierra. Podríamos intentar evitar estas fuerzas entrando en órbita
alrededor del agujero negro, más allá del horizonte. Pero resultaríamos
destruidos de todos modos, por la fuerza de marea gravitacional que tira con
más fuerza de la parte del objeto más cercana al agujero negro.
Si pudiéramos enviar robots hechos de materiales infinitamente resistentes
cerca del agujero, ocurrirían otros fenómenos extraños.
Observados desde lejos, parecería que sus relojes andaban despacio.
Las longitudes de onda de cualquier onda de radio o luz que nos enviaran quedarían
también estiradas.
Estas propiedades hacen que los agujeros negros sean de los objetos más
extraños del universo –y también de los más divertidos
para estudiar.
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